Pero luego me digo, me he dicho: nada, no eres nada y eres todo, eres todos.
He aprendido con el tiempo a ser mía, y sólo mía, sabiendo indudablemente que yo, no soy más que los recuerdos(la mayoría manipulados) de mi infancia, del mes pasado, de hace dos años, del mañana. Soy los recuerdos que no son míos, que son vuestros, los pedacitos que almas ajenas han ido depositando de sí mismas en mí, los pensamientos flotantes y las ideas que han penetrado y no me han dejado escapar desde entonces, que no me pertenecen, ni son mías. Yo soy suya, yo les pertenezco. Y a la vez soy mía, pero ellos no son de mí, aunque estén en mí.
He aprendido a quererles, que me acompañen, a quererme y acompañarme a mí. He aprendido que nunca estoy sola pero que siempre soy solitaria, que no necesito hacer un drama, que hasta el drama es comedia, que la comedia es el pan nuestro de cada día, que el que no ríe, no sana. He aprendido que el dolor duele, que la soledad aliena, que la necesidad aprieta, pero no mata. He aprendido que por un instante de felicidad vale una vida la pena, que todo está ahí si sabemos verlo, que siempre hay algo, por ínfimo que parezca, dispuesto a darle color al día. He aprendido que de mucho sirve la melancolía si se sabe usar con inteligencia, que no hay que abusar de la tragedia pero que ayuda y cuando no, entretiene. He aprendido que es aburrida la paciencia y es mejor actuar mientras se espera, que el valiente gana y el que pierde es porque no arriesga, que el malo va a ser malo por mucho que se le adiestre y que habrá que perdonarlo o como mínimo ignorarlo para que sus astucias no te afecten. Que el que reconoce su ignorancia es precisamente le más sabio, que las oportunidades vienen solas, que la vida pasa y perdona, que ser cobarde es absurdo, que no hay que perder un segundo. Las experiencias son cualquier momento, del que tú hayas querido aprender, del que sin ser consciente has sacado parte de tu forma de ser. Volvemos al tema, qué gran dilema, cuando se le olvida a uno de donde viene y que dejó de ver.
En ocasiones, lo menos importante es mirar atrás, pero nunca hay que olvidar quién se ha sido y con ello seguir el camino que a uno le toque llevar. Hay que quedarse con lo grande, pasar de lo chungo, hablar de lo maravilloso y no perder en esta vida un segundo en lamentos y reproches que atascan los relojes. No seguir el tiempo, crear el momento, ser libre o intentarlo, vivir con lo posible, amar lo que se tiene aunque no se tenga todo lo que se ama, conformarse con lo bueno y cambiar lo que nada aporta.
Y así me pierdo, y avanzo en el camino, doy vueltas, me retuerzo, giro y regiro, encuentro y amo, desamo y hago, deshago, aprendo, aprendo, aprendo, APRENDO, APRENDO EN TODO MOMENTO.