lunes, 19 de marzo de 2012

3. Bebop ASS!

Tchás, tchás, tchás.

Psssssss, pum, tatán.

Pribiribirí, piribiribirí, piribiribirí.

Beatbeatbeatbeatbeatbeatbeatbeatbeatbeatbeatbeat, BEAT.

Bobombón, bobobombón, bobobobobobombón.

Tchás.

lunes, 5 de marzo de 2012

42. La chirla, el sector más castigado.

Era una entidad inefable.

Su belleza no era extrema, pero sí exquisita, imperceptible para aquellas almas vacías pero de gran atractivo para los más melodramáticos e hipersensibles. Su voz suave parecía peligrosamente persuasiva, pero su devoción absoluta a Dios se correspondía con su inmensa bondad, por ello su dulzura no representaba ningún riesgo. Tenía en la sonrisa el brillo de un alma libre, mas sus ojos atormentados en los que solían arremolinarse lágrimas de opresión, revelaban la verdad sobre su vida. Su sentimiento consiguió enmudecer a toda la sala.

Caminaba por inercia, sus dedos aglutinados apretaban su corazón contra su pecho ardiente, palpitante, como impidiendo a este gritar lo que deseaba, y sus labios, firmes, recitaban oraciones acompañadas del casi imperceptible balanceo de su murmullo vehemente. Era como si en aquella capilla maldita no hubiera nadie más, como si un halo de divinidad se hubiera creado a su alrededor, elevándola en su miseria y en su dolor. Fue un regalo poder contemplar aquel espectáculo de sentimiento, aquella expresión de congoja infinita, aquellos pasos que daban la sensación de sostenerse en el aire. Ensimismada en su Dios, huyendo de sí misma, sumida en las profundidades escarpadas de lo injusto, se aislaba de toda escena real, evitando aquellos pensamientos oscuros que solían acribillarla en los momentos más inoportunos.

Tras sus heroicos esfuerzos por no mostrar su debilidad en su completa desnudez, sus piernas se doblegaron dejando caérsele el alma a los pies, y rogó con fervor a su Altísimo que la librara de ese mal, de ese castigo que la naturaleza le había otorgado, de ese pecado intrínseco en su naturaleza desdichada. Ella, la más dedicada, la más devota, la más creyente, de las pocas que sentía la llamada verdadera del Señor y que entendía el amor recíproco e íntimo que éste y ella debían profesarse. Ella, la más delicada, la más mística, de las pocas que sabía a qué sabía la unión espiritual con el Ser más elevado. Ella y sólo ella, que coincidía incluso con las barbaries modernas más absurdas que los representantes predicaban. Ella, había sido castigada con una de esos deseos prohibidos por los libros sagrados desde hacía siglos. Ella y sólo ella, tenía que soportar esa carga. Ella.

Terminó la oratoria y siguió arrodillada sufriendo por sus pecados, y mientras todos se preguntaban qué le pasaba a aquella mujer misteriosa, yo supe que la chirla, no dormía nunca.