me mirabas con ternura,
y yo casi te muerdo,
y tú me metías en la cuna.
Y lloraba mi alma en tu pecho,
y gemía mi cuerpo en tu cuerpo,
y me abrías cruelmente las heridas,
y sangraba de tinta en tu piel fría.
Me desgarraba tu voz por dentro,
y como una hoja podrida
me quebraban tus palabras,
y en tu vientre me mecías.
Sudábamos lágrimas del alcohol,
tragábamos humo de hierba muy fina,
pillábamos colocón tras colocón
y nuestras manos hacían el amor.