domingo, 27 de noviembre de 2011

32.

últimamente no dejo de preguntarme porqué me llamaba profeta, de dónde lo sacó
si yo aún era enorme, gigante, grandiosa, ¿cómo pudo saberlo?
yo profeta, entonces ella clarividente
ahora sé que me he vuelto minúscula, que casi no me veo, no puedo verme porque resulta que no estoy y se ha suprimido, como por arte de un proceso incognoscible, cualquier atisbo de personalidad humana
anonadada en la nonada no dada
maestros del mundo, gritadme en silencio,
ayudadme a silenciar estos gritos insinceros
gritan porque saben que están muriendo, mueren, matan,
es placentero el llanto por su significado
ni grande ni chico, sin medidas, sólo es
no importa cuestionarse ni plantearse, nada importa porque no hay nada
no
gritan porque mueren, no quieren despegarse, no quieren pero quieren y el dolor duele y lo que duele cura y no hiere, hace ser, ser hace, se es, poco a poco, lentamente, de manera retorcida arranca cada grito, cada llanto, cada llanto impuro para llegar a tocar aunque sea de lejos la pureza del silencio, el silencio vacío, sin nombre, sin lugar, sin tiempo, eterno
y alcanza la virtud desvirtuada, la virtud impecable, inefable, y llega
y es olvidado lo demás la realidad irreal y lo tocable e intocable se intercambian los papeles y todo es paradoja y contradicción
es amor puro
es
eso es ser
no queda una opción porque no existen decisiones y no quedan sentimientos porque la plenitud que es vacuidad todo lo invaden
el contenido se halla sin hallarse, deformado, sin cuestiones
¿desvarío?
no importa, no se entiende, no se siente, no se explica, no se puede
ES.

lunes, 21 de noviembre de 2011

31. La eternidad en un segundo.

Entré en la habitación y tuve la sensación de que sus paredes se derrumbaban sobre mí. Los párpados me pesaban y no podían soportar los torrentes de letras perdidas azules, verdes, rosas, negras y rojas, ahogando la realidad aparente. Los distintos pictogramas y caligrafías amenazaban con convertirse en borrones deformados y mi mente sentía que éstos se esparcían por todo el espacio como si unos dedos torpes e iracundos dibujaran infinitos ríos de tinta con cianuro.

Me rodeé a mí misma en un intento desesperado por escapar de todas aquellas figuras del pasado de contenido altamente homicida que se transformaban ahora en sombras grotescas indistinguibles de la realidad. No podía salir de aquello. Y justo cuando parecía que iba a reventar, me elevé de manera suave. Quedé encarcelada por mí misma en ese trance inefable, ya sufrido anteriormente, durante el cual me desapegué de cualquier realidad palpable, incluso intelectual y llegué más allá, mucho más allá, sin poder sentir realmente, sin poder pensar ni tan siquiera cuestionar, observando desde fuera toda aquella tormenta que sacudía mi cuerpo y mente con violencia y empujaba a ese yo, tanto interno como externo, hacia un precipicio infinito, abocándolo al abandono de la parte racional.

Yo ahora era, era ello, no aquello. No quería entrar en aquello de nuevo. Volver al incesante debate entre la oscura creatividad y la dicha artificial. Volver a escoger entre la guerra, el bombardeo de ideas y la paz insustancial. Estaba allí, fuera, ni bien, ni mal, sin papel. Estaba, simplemente. Observaba como las dos realidades, una escarpada y profunda y la otra llana y superficial, luchaban por el dominio absolutista de mi alma, concebida como temporalmente conflictiva, durante la estancia de sí misma en su propio interior.

Mas yo ya no era aquello, sino ello. Por un tiempo indefinido, fui, y al ser, no pude estar, sino que fue un instante eterno, de definición ausente y carente de inteligibilidad. La luz del ello me invadió, dejando a un lado la sangre, la pulsación, las neuronas, aquello. Fui, no yo, no, sino que fui. Fui pensamiento puro, seguro, objetivo y estático, sin ningún tipo de duda, fui.

Y al volver al aquello, al tornar a querer huir, salir de esa habitación misteriosa que despertó en mí todas aquellas "no-sensaciones", tuve la claridad mental más intensa que jamás había tenido, y sentí como si mis ideas estuvieran expuestas en una fuente cristalina de agua pura y limpia, en lugar de la turbiedad que sentí con aquellos inacabables párrafos de nostalgia, solitud y melancolía. Ahora era distinto. La vida empezaba en el aquello y acababa en el ello. Ahora era distinto, por el momento.

martes, 8 de noviembre de 2011

30. Confesión total.

Siempre detrás de algo enorme, distante, sensacional, siempre luchando. Siempre compitiendo por una décima más, una palabra más, un céntimo más. Desde dentro y hacia fuera, siempre presionando hasta el límite. Desde dentro el engaño, y hacia fuera, la estafa.

Te hacen creer que quieres lo que no quieres, que eres lo que no eres, que no importas por ti mismo, sino por lo que hagas, que lo que se valora no es tu naturaleza, sino tu capacidad para transformarla y deformarla y degradarla hasta pasar a ser un número más, cifras, cifras valoradas en cantidades ingentes o minúsculas, ingentes si triunfas, minúsculas si fracasas. Te hacen creer que pelear no es otra cosa que quedar por encima de los demás, manipular y someter, parecer más culto, más bello, más feliz. Tener de todo y mucho, que se note que no hay necesidad, que la vida es perfecta, que no es necesario nada más, que el esfuerzo de vivir ahogado en la ficción no es más que un deseo que nace del interior. Te hacen creer que formas parte de esa estúpida y burda realidad.

Pero es mentira. Es todo una absurda mentira. Estoy harta de parecer quien no soy, harta de papeles, funciones, fingimiento. Harta de desarrollar capacidades que nunca quise desarrollar de esa manera, harta de que lo que podría incluso gustarme, se convierta en un suplicio. Estoy harta de amenazas, de hacer esto para conseguir lo otro, de esforzarme al máximo y aún así decepcionar, de que me exijan todos más y más y más, de que nunca sea suficiente, de que me chantajeen y me hagan creer que soy yo misma la perfeccionista, la exigente, la chica bien educada. ES MENTIRA. No es una buena educación, no es exigencia, es todo por temor, no hay ni responsabilidad, ni elección, todo es forzado, soy un autómata que se mueve por sensores y cuyo único objetivo es, hoy por hoy, huir. Hubo un momento en el que desistí, en el que dejé a un lado todo y me sometí, dejé a otros, una vez más, decidir por mí, y ahora, tarde, me doy cuenta de mi error, y sufriré, sufriré con tal de que nadie me vuelva nunca más a controlar, a decirme lo que está bien y lo que está mal, ni a hacerme sentir como si no fuera nada, ni nadie, si no cumplo con lo que quieren que cumpla los demás. ES MENTIRA.

A ver si os enteráis ya. No existe nada más, dejaos de parafernalia, lava-cerebros, cerebritos lavados, daos cuenta ya de la importancia real de las cosas, dejad de querer hacer igual de infelices a los demás. ES MENTIRA. Lo vuestro no es felicidad, y la ambición y la codicia os hundirán y al final de vuestros días sabréis que ES MENTIRA, que no es real.

lunes, 7 de noviembre de 2011

29. Rain down on me.

El día ha caído, la noche, las horas, el ayer, el mañana, todos, han caído. En ningún lugar hay ya cabida, queremos salir, volar, volar, sanar. Queremos ser sin tener, queremos no reír, no llorar, sentir sin sentir, estar allá donde nadie más pueda estar, no pensar, ignorar en soledad no romper, ni construir, ni poseer, ni tener la necesidad de entender, alcanzar la unidad, simple y compleja, la eternidad, la esencia, la realidad, no volver nunca jamás, inconsciencia, absolutismo, allá, allá, más allá.

Y yo, yo, yo, yo, yo, yo...yoyoyoyoyoyoyoyo, YO.
Yo qué quiero, yo quiero detener, no medrar, ni avanzar, ni evolucionar o involucionar, parar, no volver, ni empezar, ni siquiera continuar. Hay algo más. Flotar en el momento interesante, no forzar, no rendir cuentas a nadie, no hablar con quien no quiero hablar, no soportar, no saturar. YO. EN MÍ. ENCONTRARNOS. EN MÍ. ENCONTRARNOS, y en mínuscula, encontrarnos.

No voy a prometer, ni pensar, hacer, jurar. Digo que no voy a decir, que no pienso pensar, ni intuir, ni soñar, ni crear ficción, ni realidad. Seré, y ya está. Seré sin predecir. Seré. Lo sé.