jueves, 15 de noviembre de 2012

3. Vahído y el muro.

Los cuerpos eran tan amorfos y abstractos como la metafísica. Observaba Harriet(casi Poetisa) a aquellos físicos portadores de almas y por sus andares descubría los desequilibrios de sus pensamientos más abisales perdidos y caóticos en los abismos de su espacio interior. El tronco de una mujer delgada parecía ir en sentido contrario de sus piernas inflexibles, y, ambas partes, que eran con certeza antónimas, lograban ponerse en consonancia para que aquel portador de esencia caminara sin conciencia ni dificultad aparente. Y así con cada una de las personas que dejaban su huella y sus pisadas impresas en la Rua grisácea de aquel noviembre huraño. Eso llevó a la Poetisa a pensar en el misterio eterno del ser humano contradictorio, ya que todos aquellos seres funcionaban igual, juntos, al mismo tiempo y en el mismo espacio, pero, a su vez, cada andar llevaba un ritmo distinto y era imposible distinguir dos o más que fueran completamente idénticos, ya que cada uno conservaba su individualidad dentro del Todo.