domingo, 23 de marzo de 2014

Luna

Harriet observa la Luna desde abajo, fascinada por su belleza, buscando qué es eso que le atrae tanto de ella, analizándola, sintiéndose un espíritu afín, sintiendo que podría ser ella. En efecto, se trata de otro de sus delirios de grandeza. La Poetisa la mira cuando está llena, bañando todo con su luz, desde su trono de estrellas, fría, distante y altiva...quizás sí se le parezca. Va creciendo y va menguando, hasta el punto de desaparecer y dejar en el cielo un inquietante halo de misterio. Nadie la comprende, está siempre sola y nada puede tocarla. Siempre tiene el mismo rostro indescifrable pero a la vez tan expresivo, que no deja indiferente e infunde temor y respeto. Después está la cara oculta que no deja ver bajo ninguna circunstancia, donde debe residir por fuerza toda su verdad. Es tan poderosa que controla las mareas y hasta las emociones de las personas, jugando con ellas a su antojo, manipulándolas, causando caos a su alrededor, destruyéndolas. Daña y arrasa por donde pasa sin darse cuenta siquiera, y luego tiene miedo y se arrepiente, y se esconde, pero ya es tarde para volver atrás. Ella hace todo esto por instinto, su crueldad no tiene motivo, es pura inconsciencia. Tras sentir un escalofrío, Harriet piensa "qué bonita se ve la Luna desde aquí abajo, será que van de la mano maldad y belleza".