lunes, 12 de diciembre de 2011

3. Amor.

-Lucirnos, sí, ahora ese es nuestro único objetivo. Te parecerá bonito...Tú creaste esto, tú, tú fuiste quien inventó esta competencia desleal, tú, que eres pura ambición y codicia, tú. Maldita sea.
-No te equivoques, amor, no. Te juro que no es así.
-No puedes atreverte a negarlo, sólo tú tienes la culpa.
-Sí, amor, sí, SOMOS una incesante disputa, SOMOS, tanto yo, como tú, un sinfín de ostentación. SOMOS el tener, el mostrar, el valer y demostrar. No lo niego, lo SOMOS. Tú y yo. Es decir, NO SOMOS.
-Me has convertido, tú a mí. Lo sabes, y ahora no hay remedio. No intentes persuadirme.
-No, amor, no, piénsalo. Te juro que no es así.
-¿Ahora qué hago? ¿Eh? ¿Qué se supone que tengo que hacer? ¿Rendirme?
-Si tú lo ves así...
-No puedo ganarte, no puedo, eres más y más y más que yo.
-No, no soy más. Te adoro. Pero no te has dado aún cuenta, amor. Yo no soy más por tener más, yo no soy más ni menos que tú, yo no soy más por hacer más. Y no, amor, no, yo no te he inducido a nada, no, no te he obligado a competir, no, no quise hacernos daño, y te aseguro que no hay culpa, no existe, solo surgió. No puedes rendirte, y no puedo ganarte, porque esto no es real. No puedes perder porque no jugábamos a nada. No, amor, no, eso no fue así. Sólo quisimos querernos, y ya ves, eso nos llevó a un bucle de odio y rencor
-¿Pero qué dices? Estás completamente trastornada.
-No, no lo estoy, amor. ¿O acaso crees que quise desterrarte, usurpar tus propiedades?
-Me quitaste todo.
-Imposible; no existe la propiedad en este contexto. Tú dejaste salir, yo dejé entrar. ¿Pues qué, amor, qué? ¿Era eso propiedad?
-Era mío.
-Te equivocas. No era tuyo y ahora no es ni tan siquiera mío. La codicia, la ambición, aquella vanidad, ostentación, sólo demuestra mi pobreza, de la que ahora intento deshacerme; deshacernos. Poco a poco, asumiendo, con palabras sinceras. Te lo prometo. Amor, no, no era real, era pura farsa, amor, no, no era sentimiento, era una coraza. NO FUIMOS. Comencemos a SER.
-Sólo quieres confundirme...
-Te prometo que no, amor. Olvida esta pesadilla, no hay valor, no hay ayer, ni mañana, sólo estamos tú y yo. Olvídalo, amor. Aquí ya no queda nada. Te desnudo.
-Te desnudo.
-¿Ves? Ya nos hemos desnudado, despojado, ya nada importa.
-Lo sé; pero...
-¿Pero?
-¿Cómo afrontarlo? Se ha terminado.
-No; está comenzando.

domingo, 11 de diciembre de 2011

44. Vacío, por favor.

Antes, solía asociar mi malestar al sentimiento de vacío.
Ahora, es justo lo contrario.
Me siento tan llena que me desbordo, poseo tanto que voy a salirme de la piel, me colapsaré si no me rompo, moriré de plenitud. No sé como tocar tantos palos si soy manca, nunca me enseñaron a vivir entre ideas sin fin. Mi mente no duerme, nunca para, no descansa, y mi cuerpo intenta seguir su ritmo con algún que otro traspié. El día no me basta y la noche es muy corta, parece que no llego, no llego a la meta, no llego al desenlace, no llego a sentir, no llego a dormir, no llego a vivir. Errante, entre cafeína y constantes cabezadas da la sensación de que produzco, produzco, produzco, pero no saco nada en claro al fin y al cabo, no puedo ver la luz más que en un halo difuminado, entre sombras tétricas que funden el descanso. Angustia, de pronto, cansancio, incertidumbre, confusión. Hay tantos objetivos que no tienen ya significado, hay tanto que hacer que ha perdido su valor, hay tanto, hay tantísimo que ya no diferencio entre lo real, y lo inventado, entre lo que me inculcaron y lo que siempre quise yo. Tengo que escapar, tengo que salir, librarme de estas cadenas que esclavizan mi alma ya muda, escondida, entre tinieblas. Quiero vaciarme, quiero vaciarme, quiero vaciarme. Necesito vaciarme.
Vaciarme.