Ahora, es justo lo contrario.
Me siento tan llena que me desbordo, poseo tanto que voy a salirme de la piel, me colapsaré si no me rompo, moriré de plenitud. No sé como tocar tantos palos si soy manca, nunca me enseñaron a vivir entre ideas sin fin. Mi mente no duerme, nunca para, no descansa, y mi cuerpo intenta seguir su ritmo con algún que otro traspié. El día no me basta y la noche es muy corta, parece que no llego, no llego a la meta, no llego al desenlace, no llego a sentir, no llego a dormir, no llego a vivir. Errante, entre cafeína y constantes cabezadas da la sensación de que produzco, produzco, produzco, pero no saco nada en claro al fin y al cabo, no puedo ver la luz más que en un halo difuminado, entre sombras tétricas que funden el descanso. Angustia, de pronto, cansancio, incertidumbre, confusión. Hay tantos objetivos que no tienen ya significado, hay tanto que hacer que ha perdido su valor, hay tanto, hay tantísimo que ya no diferencio entre lo real, y lo inventado, entre lo que me inculcaron y lo que siempre quise yo. Tengo que escapar, tengo que salir, librarme de estas cadenas que esclavizan mi alma ya muda, escondida, entre tinieblas. Quiero vaciarme, quiero vaciarme, quiero vaciarme. Necesito vaciarme.
Vaciarme.
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