sábado, 21 de enero de 2012

40. Banal petición en forma epistolar.

Querida parte visceral:
Esta desposesión me está matando.
Iré en contra de mi voluntad al pensar esto y contártelo, iré en contra de mis supuestos principios, de mis creencias, me contradiré, pero no puedo ser incongruente ni quiero serlo conmigo misma. Es insoportable saber que estoy haciendo lo correcto deseando hacer lo que no debo, es casi inhumano ser tan humano, tan racional, y no abocarse a ese deseo que esa voz quebrada, que eres tú, bandida, me recuerda a gritos a cada momento.

¿Deja el exceso de moderación de ser, eso mismo, moderado? Porque siento que sobrepaso los límites y me desbordo cada vez que me contengo. Sé qué debería ser lo correcto, pero no sé si lo es para mí.

Siento haberte culpado de mis errores, siento haberme exculpado usándote de pretexto, de verdad que lo siento, pero, vieja amiga, ahora no entiendo porque me has abandonado, justo cuando más te necesito. Creo que el miedo te puede. Deberías salir, romper las cadenas, como antes. Esta será la única ocasión en que te lo pida, así que te aconsejo no ignorar esta oportunidad. Esta noche te reservo el papel estrella, tú solo compórtate como solías hacerlo. Pero no en aquello que me pueda hacer perder, sino en aquello que me haga ganar.

Oh, no...quizá sea eso, ¿verdad? Soy una ignorante. Y tú has medrado, y ahora piensas y controlas y sabes. Quizá sabes que esto me puede llevar a no resucitarte jamás, ¿no? Quizá. ¿O puede que yo misma, inconscientemente, te haya asesinado ya? Tú me hacías ser quién era y por eso me querían.

¿Y ahora, quién soy?

Echo en falta tu presencia, compañera, pero pensándolo mejor, no te voy a pedir que vuelvas. Haz lo que debas, quiero mantenerme ajena a cualquier descubrimiento si es que así debe ser. Ignora lo dicho anteriormente, no sé si quiero recuperarte. En cualquier caso, el miedo también ha llegado a mí. Y algo soy, diferente, eso sí. Quizá no sea miedo, quizá sea prudencia. Es difícil establecer los límites, pero eso ahora no importa. Que sea lo que tenga que ser. Gracias por no dejarte convencer y ser, contrariamente a tu naturaleza, firme. Ah, la euforia te manda recuerdos, dice que ya no es lo mismo sin ti.
Atte.: la Desposada.

miércoles, 4 de enero de 2012

40. Did I say...?

No quiero olvidarte.

No quiero olvidar tus palabras, antes inseguras, ahora protectoras. No quiero olvidar tus miradas, antes de admiración, ahora de ternura. No quiero olvidar tus sonrisas, antes sedientas, ahora nostálgicas. No quiero olvidar tus abrazos, antes indispensables, ahora imprescindibles.

¿Sabes? En el fondo, nada ha cambiado. En el fondo, tú tan solo has crecido, y yo me he encogido, pero, tú y yo, yo y tú, somos tú y yo, y yo y tú, y, no puedo imaginar una discusión, cualquiera, en la que en realidad no esté odiando tener que herirte, y no puedo imaginar un solo momento en el que escuche tu voz y no me sienta a gusto, y no puedo imaginar una lágrima mía sin tu hombro como embalse, porque tus brazos son como una acogedora presa que retiene toda la pena que derramo, como una fuerte presa, bien construida, estable, quizá demasiado rígida a veces, pero eficaz al fin y al cabo. Hay que reconocer que hubo un tiempo en el que se desbordó, pero sabes, no es que fuera culpa de ella, quizá la tormenta fue demasiado monstruosa, quizá duró demasiado, no lo sé, pero no puedo evitar pensar que un embalse, que todavía hoy por hoy, a pesar de los millones de rayos y truenos caídos, y de los litros de dolor acumulados, sigue ahí, sigue ahí, reteniendo y soltando con delicadeza, transformando las sucias gotas en agua de regadío, en semilla de creación, en arte, en inspiración, es un regalo de las manos que la hicieron.

Aunque si sólo fueras eso...eres mucho más. Eres la carcajada más inmensa que puedo llegar a soltar, eres la sonrisa más sincera que puedo llegar a sacar, eres la emoción más intensa que puedo llegar a experimentar, y todo eso, con un simple roce de manos, con una de esas miradas cómplices, con un par de palabras. Aunque no lo demuestre, aunque no pueda, aunque por mucho que lo intente me sea imposible explicarte cuánto significas para mí, sé que tú lo sabes. Y sé que tenemos una cosa, que no sé qué es, pero la tenemos, la compartimos y somos dos, y lo somos.

No sé o no quiero saber como lo ves tú, no sé o no quiero saber porqué no me atrevo nunca a agarrarte y decirte todo lo que me haces sentir, todo el tiempo que me haces perder pensando en ti, toda la ilusión que despiertas en este mundo absurdo. No sé o no quiero saber en qué punto estás tú y en que punto estoy yo. Pero lo sé. Eres especial.

Hemos cambiado, sí, pero no quiero olvidarte, y no quiero olvidarnos. Puede que no me lo merezca, puede que deba pedirte perdón, y tú a mí, ¿porqué no? Puede que nos hayamos equivocado, y puede que no nos veamos como quisiéramos, que no hablemos lo que debemos, que no nos comportemos porque no podemos, pero sabes, somos felices, o lo éramos. Cuando estamos y somos, da igual dónde, cuándo, cómo, somos felices. Y no quiero, de ninguna manera, perder eso.

Pero debo.

Perdóname por ser cobarde, perdóname por ser tan vulnerable, perdóname por odiarme, perdóname por confundirme, por no saber, por no olvidarme de que no es real, por no poder, como tú, dejar a un lado las obsesiones, los yoes, perdóname por hacerte estar pendiente, perdóname por no estar a la altura, perdóname, de verdad.

Aunque voy a ser justa y no me manipules porque yo a ti no voy a perdonarte.

Me niego a perdonarte.

That I need you.

martes, 3 de enero de 2012

39. Radical, de ratas y rutinas.

Rectifico.

No era vacío lo que necesitaba, mas estoy harta de la plenitud. Ahora sí que estoy perdida por completo. Sé lo que no quiero, lo que no necesito, lo que aborrezco, pero no sé lo que puede salvarme.

Es como si estuviera rodeada, encerrada en y protegida por una inmensa cáscara social con gruesas capas de obligaciones, costumbres, manías, tics, objetivos a corto y largo plazo, pensamientos superfluos, personas, relaciones, y un sinfín de momentos aparentemente distintos pero realmente monótonos. Esa es la mitad de la rutina. La otra mitad está en el interior, dentro de esa cáscara. Es el vacío, la no nada, la falta de sustancia. Esa parte es precisamente la que me hace ver que la cáscara, es cáscara, me hace darme cuenta de su verdadera naturaleza gris, oscura, falsa. El interior más profundo me hace percatarme de que no hay ni colores, ni sabores, ni olores, ni variedades, tonalidades, posibilidades distintas en esa cáscara, y que esa cáscara, compuesta de diversas capas, no es más que una masa ingente de vida. Una masa ingente y absurda, en la que ni una sola cosa cobra sentido si uno no está demasiado cegado o embriagado como para no mirar desde dentro. Porque no nos engañemos, amigos, la vida, la vida es la cáscara. A nadie le importa el vacío, absolutamente a nadie. ¿Gurús? ¿Amigos? ¿Familia? No. Necesitamos comer, beber, dormir y follar. ¿Y luego qué? No hay nada, nada. La inercia nos mueve, por lo menos a mí, me mueve. Y esas necesidades se convierten en algo ruin, inmundo, y fuera de eso, lo artificial, las consecuencias de esas necesidades, se convierten en algo aún peor, algo movido por esas necesidades ruines e inmundas, el piojo de la rata. Cómo si no tuviéramos ya bastante con la propia rata. Pobres complejas ratas, me pregunto qué sentirán ellas, me pregunto si sentirán. ¿Sufren? No lo sé. Una cosa es segura, en el fondo soy como una de ellas. Me muevo con su misma inercia, como un autómata, porque así me programó Dios, la Naturaleza, Lo Que Sea. Y luego nada. El pensamiento que hace que perdamos el entusiasmo o lo ganemos. El pensamiento que me pregunto si tendrán las ratas. Desearía saber eso, y saber también, si hay ratas felices y tristes, y ricas y pobres, o si, en el fondo, son todas iguales, vivas o muertas, como los seres humanos. No somos más que ratas, y con todo el debido respeto hacia las ratas, sí. Espero no ofenderlas señoras ratas, porque creo haberme equivocado. Somos peores que ustedes, porque nosotros, podemos ser conscientes de nuestra condición, pero somos tan despreciables que ni siquiera conocemos aún ni creo que conozcamos nunca la manera de cambiarla, la manera de hacer desaparecer esa cáscara y rellenar el vacío para poder dar forma de una vez a esa masa ingente que supuestamente todos deberíamos apreciar.