No era vacío lo que necesitaba, mas estoy harta de la plenitud. Ahora sí que estoy perdida por completo. Sé lo que no quiero, lo que no necesito, lo que aborrezco, pero no sé lo que puede salvarme.
Es como si estuviera rodeada, encerrada en y protegida por una inmensa cáscara social con gruesas capas de obligaciones, costumbres, manías, tics, objetivos a corto y largo plazo, pensamientos superfluos, personas, relaciones, y un sinfín de momentos aparentemente distintos pero realmente monótonos. Esa es la mitad de la rutina. La otra mitad está en el interior, dentro de esa cáscara. Es el vacío, la no nada, la falta de sustancia. Esa parte es precisamente la que me hace ver que la cáscara, es cáscara, me hace darme cuenta de su verdadera naturaleza gris, oscura, falsa. El interior más profundo me hace percatarme de que no hay ni colores, ni sabores, ni olores, ni variedades, tonalidades, posibilidades distintas en esa cáscara, y que esa cáscara, compuesta de diversas capas, no es más que una masa ingente de vida. Una masa ingente y absurda, en la que ni una sola cosa cobra sentido si uno no está demasiado cegado o embriagado como para no mirar desde dentro. Porque no nos engañemos, amigos, la vida, la vida es la cáscara. A nadie le importa el vacío, absolutamente a nadie. ¿Gurús? ¿Amigos? ¿Familia? No. Necesitamos comer, beber, dormir y follar. ¿Y luego qué? No hay nada, nada. La inercia nos mueve, por lo menos a mí, me mueve. Y esas necesidades se convierten en algo ruin, inmundo, y fuera de eso, lo artificial, las consecuencias de esas necesidades, se convierten en algo aún peor, algo movido por esas necesidades ruines e inmundas, el piojo de la rata. Cómo si no tuviéramos ya bastante con la propia rata. Pobres complejas ratas, me pregunto qué sentirán ellas, me pregunto si sentirán. ¿Sufren? No lo sé. Una cosa es segura, en el fondo soy como una de ellas. Me muevo con su misma inercia, como un autómata, porque así me programó Dios, la Naturaleza, Lo Que Sea. Y luego nada. El pensamiento que hace que perdamos el entusiasmo o lo ganemos. El pensamiento que me pregunto si tendrán las ratas. Desearía saber eso, y saber también, si hay ratas felices y tristes, y ricas y pobres, o si, en el fondo, son todas iguales, vivas o muertas, como los seres humanos. No somos más que ratas, y con todo el debido respeto hacia las ratas, sí. Espero no ofenderlas señoras ratas, porque creo haberme equivocado. Somos peores que ustedes, porque nosotros, podemos ser conscientes de nuestra condición, pero somos tan despreciables que ni siquiera conocemos aún ni creo que conozcamos nunca la manera de cambiarla, la manera de hacer desaparecer esa cáscara y rellenar el vacío para poder dar forma de una vez a esa masa ingente que supuestamente todos deberíamos apreciar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario