lunes, 7 de marzo de 2011

7. Toc, toc.

Hay algo aquí. Hay algo. Algo. Hola. Hay alguien. Sé que hay alguien. Lo sé. Otro me dijo "no hay personas equivocadas". Yo añado, solo circunstancias. ¿Con qué me va a sorprender esta vez? Hay algo. Modifica mi estado. Juega con mis pensamientos. Los acapara todos. Me impide salir de ello. Quiero. Quiero. Quiero sumergirme tanto...tanto...hasta perder el miedo. Aparte de algo, hay miedo. Miedo a que sea pronto. Miedo a que sea tarde. Miedo a no avanzar. Miedo a no saber echar el freno. Miedo al error. Miedo al acierto. Miedo al mañana, al después, al luego. Miedo a que el amor sea química. Miedos. Es extraño, había casi olvidado este sentimiento. Lleva un tiempo llamándome y yo apartándolo de dentro. Es inevitable que resurja; por eso, miedos. Pero ahora me quitaría los cueros, ante ti me quedaría en cueros. Te daría cualquier cosa con tal de hacerme escuchar y que me dejaras escucharte más. No es mera curiosidad. Siento que es necesidad. Y yo me pregunto ¿por qué? Sin apenas conocerte. Son vibraciones, vibraciones que me guían y que quiero responder. Son sensaciones, intuición. Y es que me gusta lo natural, para nada artificial. Me gusta lo espontáneo. Me gusta lo inteligente. Me gusta lo bello. Me gusta lo difícil. Y me gustan los alicientes. Me gustas. Qué difícil es expresar esto. Se me ocurren otros modos de hacerlo. Robarte una estrella, regalarte las llaves del cielo, esconder el llanto en una caracola y darte una sonrisa en forma de caramelo. Me alimenta(s). Siento que tu sonrisa es sincera. Quiero poder tenerla unos instantes, tan cerca de la mía, que pueda capturarla por siempre en mi retina. Ven. Déjame explicarte porqué lo verde es verde, lo rojo es rojo, lo azul, azul. Déjame explicarte. La felicidad, la pasión, la calma. La euforia, la confusión, el pánico, la alegría, todo lo que sentí al verte aparecer. Estaba impaciente. Llegaste por esa puerta. "Eres un espejismo", pensé. No lo eras. Aunque ahora vuelve a parecerme todo muy fugaz. Tus ojos, tu piel, el olor que no pude oler ni retener. La incertidumbre. ¿Me mirabas tú también? Estaba oscuro. Tú. El adiós, el café. Toc, toc. Ábreme tu puerta y yo te abriré la mía, aunque, te lo advierto, mis(s) sonrisas, estas visagras aún chirrían.

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