El otro día, en clase, después de una sesión de economía agotadora, sonó el timbre. Recogí mis cosas y me dirigí hacia el patio, hambrienta. Fui hacia donde se encontraba un grupo de amigas. Al acercarme, vi que de cuatro, dos estaban jugando, una con el móvil, y la otra con la "Blackberry". Las otras dos estaban mirando, embobadas, las respectivas pantallitas que brillaban. Me indigné. Me sentí impotente. Y di media vuelta. ¿Qué nos va a quedar? Nos están idiotizando, nos están seduciendo para dejar de comunicarnos verdaderamente, para tocar solo temas superficiales, para entretenernos con juegos estúpidos que atontan la mente y agotan al cerebro, chupan las neuronas y nos quitan tiempo para pensar de verdad. Horripilante.
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