sábado, 29 de enero de 2011

1. Somos de naturaleza artificial, anti-natural.

Llueve. A fuera llueve. Los sonidos de los cachivaches tecnológicos que me rodean no me dejan escuchar con atención. En especial este teclado. Pero a él se lo perdono. No podría guardarle rencor. Hemos pasado demasiadas noches juntos. Llueve. Me siento una extraña en este mundo del futuro. Abriré la ventana. Creceré bajo la lluvia en esta tarde oscura. Volveré al ayer. En contacto con la naturaleza. Que es siempre cambiante, pero siempre permanece igual. Lo único que se conserva. Es la naturaleza. Las gotas de lluvia que los hombres contaminan. Me harán parar el tiempo. Mojarán seductoras mi piel. Me colmarán de deseos. Recorrerán mis cabellos insertando en mi mente sus notas. Me incitarán a querer cuidarlas. A ellas. A la naturaleza. Llueve a fuera. Llueve. He parado la música. Ahora la lluvia es la protagonista. Voy a abrir la ventana. Me quito la manta. Me levanto. He abierto una. Luego la otra. Se oye un ladrido. Sería bonito ser perro. Mi vello se levanta, el frío recorre mi espalda. Necesitaba sentirlo. ¿Qué soy? Me entristezco. De natural ya no nos queda nada. Ya no me queda nada. Se agitan las ramas. Sería bonito ser hoja. Mis manos, heladas. Mi nariz. Llueve. Me ruborizo otra vez. Otra vez. Siempre me ruborizo. No sé si me sienta bien. Es un pequeño mareo, un subibaja, una escapada de emociones. Me palpo las mejillas con los dedos congelados. Alivio. Hay demasiadas luces allá afuera. Me gustaría sentir la oscuridad. Creo que se está bien en la oscuridad. El silencio. Mi silencio. Contaminación, duele. La sangre buscando paz, los latidos ralentizándose. El sonido pseudo-mudo universal. Otro invento, otra manera de deshumanizar. Quiero creer. Pero, ¿qué queda? Un instante, un segundo, una mirada. Después, nada. Odio. Rencor. Egoísmo. Máquinas. Máquinas. Máquinas, máquinas, máquinas nos invaden. Terror. Pánico. Destrucción de lo real. Dictadura de lo artificial. El viento me siente. Sopla con fervor. Me da la razón. A fuera llueve. Un coche. Gasolina. Gases. Aire muerto. Aire recalentado. Aire desnaturalizado. Tres gotas que chocan. Serán destruidas. Cuando yo ya no esté, serán destruidas. Habrá telas sintéticas. Casas impermeables. Incluso puede que mil paraguas gigantes que rodeen la tierra. Habrá mil inventos. Conoceremos más ciencias. Sabremos, sabremos, sabremos, acumularemos trillones de tesis, verdades probadas. Pero ignoraremos. Ahora un camión, una motocicleta. La verdadera realidad, devastaremos, DEVASTAMOS. La indefensa naturaleza, romperemos, frenaremos. Ya está ocurriendo. Y su ira sobre nosotros caerá. La ira de su divinidad. Habremos pecado de soberbia, por creernos mejores que nuestra propia madre, por intentar burlarla, superarla. Por no saber apreciarla. Y dejaremos de ser. El sol nos extinguirá. Las tormentas. Los huracanes. Los rayos nos partirán por la mitad. Vagaremos durante más de cien mil millones de milenios rogando perdón. Habremos cavado nuestra propia tumba. Suplicaremos volver. Prometeremos no volver. A inventar monstruosidades a partir de lo ideal ya existente. Nos arrepentiremos. Y nuestra madre, nos perdonará. Será benevolente, nos dejará volver a empezar. Pero seremos tan mezquinos, que el ciclo se repetirá. Las montañas; las escucho. Lo predicen. Son profetas de la naturaleza. Ya se quejan. El fin acaba de comenzar. Y eso, queridos seres inmundos, es ineludible. No lo podréis evitar. ¿Qué más da? Llueve. Llueve afuera. Afuera llueve. Afuera lloverá.

Y los humanos se irán.

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