A veces te encuentras con momentos que no son momentos...son personas. De un día a otro cambia tu visión del mundo. Eres o no eres. Dejas de ser. Tan solo hay dudas. Pero todo es culpa tuya. Eres el único responsable de tus actos, tú creas el momento aunque no elijas el donde ni el cuando. Tú escoges el Como. Y por mucho que el donde y el cuando no sean los esperados, te pertenecen, gracias al Como. Y eso no te excusa de cualquier acción, palabra, movimiento. Todo eres tú, y los demás. Los demás son tú. Casi como una obligación, una obligación de escoger qué hacer constantemente, un peso imposible de eludir. Lo mejor, o lo peor, según se mire, es que no hay arrepentimiento. El arrepentimiento es tan solo otro invento. Ya lo has hecho, y sabes que lo volverías a hacer. No importa el resultado, aún sabiéndolo, sabes que lo harías. Aunque te hundas o pegues saltos de alegría, así es. Puede resultar cómico, dramático, según tu estado de ánimo. El caso es que cada uno es quién es precisamente por ser quién es y hace lo que hace quién es o sería. La vida eres tú. Quiero decir, yo. Y yo soy puro sentimiento, experiencia sin descripción, fenómenos incognoscibles que se suceden sin cesar. Y luego hay que decidir qué hacer con ellos.
Sí, es extraña.
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