viernes, 20 de julio de 2012

38. De reposiciones va la cosa.

El destino perforaba nuestros anhelos como balas que traspasan la carne impoluta. Lentamente se truncaban nuestros planes, y la estabilidad que tratábamos de construir se iba convirtiendo paulatinamente en un teatro, además, de bajo presupuesto, callejero. Yo era menos, tú eras más. Yo esperaba más, tu esperabas menos. Tú, allí. Yo, allá. Las dos, de acá. ¿Qué iba a pasar después?

Las horas se rellenaban a sí mismas con responsabilidades y capas y capas de vida adulta y las niñeces en forma de recuerdo me acechaban en la noche cuando y donde nadie más podía oírlas. Yo caía en mi habitual espiral de auto-destrucción y auto-compasión(siempre he sido muy autónoma, me gusta hacer las cosas por mí misma y me molesta que se metan en mi territorio) y no podía dejar de lamentarme por no haberte hablado, por haber sido cobarde, por...PERO, ¿Y QUÉ? Adiós, adiós, esfúmate.

Yo me enfadaba de nuevo, como siempre, y me juraba no volver a hablarte y te culpaba por jugar y por abandonarme. Te odiaba. No quería volver a sentir nada hacia ti, ni que tu mirada, tus palabras, tu calor me consolaran para después hacerme sentir engañada. Me amargaba y decidía no verte nunca más. Y todo esto yo lo decidía cuando en realidad tú ya habías desaparecido del mapa.

Pero entonces, Dios sabe por qué, aparecías. Aparecías y yo soltaba toda aquella mierda sobre ti. Y lo aguantabas estoicamente, de una pieza, como si fueras alguien muy amable, como si fueras una gran persona. Y me apaciguabas, ignorabas mis insultos y reproches como si no fueran ofensivos y como si tú no fueras culpable. Te exculpabas, te deshacías de la culpa pero yo no me creía tu comedia. Aún así, me hacías flaquear, y dudar. Quizá no fueras tan mala persona. Quizá yo fuera demasiado visceral, intolerante, incomprensiva. ¿Quién sabe? Tú eras la paz, yo la guerra. Pero tú eras el detonante, y yo el tratado en cuestión. Era todo tan contradictorio, y recíproco. La impotencia del todo ya creado, el todo inamovible, el todo estático y eterno. Yo te quería, incluso a ese todo que a mí me lo parecía, pero tú no lo sé. A veces aún me pregunto porqué me sigues y porqué me seguías. 

Tú, allí. Yo, allá. Las dos, de acá. ¿Qué va a pasar después? 

No hay comentarios:

Publicar un comentario