martes, 17 de mayo de 2011

12. Receta para intentar llegar a ti con momentos de lucidez y puntazos de narrativa poética de gasolinera.

Temblando, pasé tus miradas por un colador, vi caer sentimientos en estado líquido y supe que si hubiera sorbido esa sopa me habría entrado ardor. Observé muy de cerca como el humo de tu alma herviente se asomaba tímido y quedaba tan solo miedo, inseguridad, falta de razón, irresponsabilidad, insensatez, dolor. Sentí que por fin había conseguido limpiarte, desinfectarte, eliminar todas aquellos condimentos con los que te había sazonado la mala vida, y creí haberte dejado con el sabor más inmaculado y puro que jamás ningún maestro de los fogones hubiera imaginado.

Lo que no cayó lo puse sobre la mesa. Ahí se quedaron los tropezones que se negaban a pasar por el filtro y caer en el plato. Había amor, sinceridad, nobleza, ganas de salir, vivir, sentir. Y creí que quería comerte en ese momento en el que me parecía haberte quitado todo aquello con lo que me intoxicabas al morderte. De pronto todos querían engullirte, tenerte. Te convertí en algo que era agradable para cualquier gusto, se peleaban por un solo bocado, morían por tus huesos, tu carne, tus muslos.

Mas con sorpresa descubrí al poco tiempo que te había quitado el sabor al que era adicta, que te había robado las amargas especias con las que sabías a cielos, a lunas, a soles, a estrellas en mi paladar de niña imprudente. Fabriqué algo impropio de dementes. Quise que volviera todo a ser como lo viví, supe que me gustabas más como antes y que tu veneno no era mortal, sino vital para mí.

Me fijé en que perdiste el 'extra' y te quedaste en el 'ordinario'. Todos querían catarte, degustarte, pero a mi lengua tu gusto le empezó a parecer insípido. Te quité toda la sal que entonces me parecía amarga, pero era porque solía acompañarla con mis manías que eran el tequila y siempre me olvidaba de las tuyas, que eran el limón.

Nunca supe apreciar la originalidad de tus texturas y mis prejuicios culinarios subestimaron tu genuino aroma. Antes eras caviar, ahora eres un huevo frito. ¿Cuántos han probado el caviar? ¿A quién no le gusta un huevo frito?

Después intenté hacer una pócima con lo que colé y bebérmela, pero sentí que no te recuperaba. Parecía como si todo aquello tan tóxico se quedara dentro de mi alma.

Y tú te fuiste, y desde entonces yo soy la que contamina cuando me cuecen a fuego lento.

Miento y provoco ardor.

Sé/sepo(*).

No hay comentarios:

Publicar un comentario