domingo, 8 de mayo de 2011

11. ¡Voglio una donna!

Qué inocencia y qué ironía, todo junto, mezclado, atiborrándome y embafándome, dejándome faltarle el respeto al lenguaje. A veces me da por pensar, mire usté(t) por dónde, y pienso que estaría mejor entre olivos.

Me canso de tanto edificio, me canso de tanto 'chaletito', me canso de tanto alemán jubilado, de tanto niño llorando, perro ladrando, loro silbando, comunidad de chalados. Me canso de tanto ruido, me canso de tanto atentado a la vista, de tanta piscina de obra bonita, de tanto buzón sieso, de tanta verja triste, de tanto jardincito bien cuidado, de tantos avisperos aburguesados, cómodamente instalados en la pedregosa pared reformada de mi hogar.

Mi hogar. ¿Lo es realmente? Pasando aquí la adolescencia, y sé que quizá sea culpa de ella, siento que no soy de ninguna parte, y menos de ésta. Pedaleo medio frita, a punto de cerrar los párpados para ver si me crecen las alas y echo a volar, pero resulta que solo llego hasta la cala. Maldita sea, llegó la primavera. Y las rocas se abarrotan de toallas, esterillas, se abre el chiringuito, huele a crema protección 50, PUAAAAJ. Aunque reconozco que me gustan los cuerpos tendidos al sol, secando el alma estresada que viene fría del invierno. Lo que no soporto es que sean caras blancas, simples turistas, destroza-playas. Es reconfortante cuando te suenan sus rostros, y descubres con agitación, que sus pieles ya han cogido color. Entonces es bonito que las rocas se abarroten de mujeres, niños, viejos, hombres con cierto aprecio por el lugar al que siempre vuelven o del que no pueden despegarse. Y sé que ahí pertenecen.

¿Y yo, pero?

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