tú,
no eres tú.
Yo-¿yo?-no,
no soy yo.
Tu piel habla,
y mis ásperas yemas,
rasgadas por las cuerdas,
hacen que calle.
Tu piel muerta,
inerte, me llama,
y mis entrañas laxas
la abrazan.
Tu piel roza
perniciosamente,
en perfecta armonía,
mi debilidad.
Tu piel me apunta,
y me rindo, y entonces
ella no dispara,
y levantamos las trincheras.
Tu piel provoca,
ardientes caídas en picado,
y nuestra sutileza, falaz,
palia el golpe.
Tu piel me deja
hecha trizas y a pedazos,
y a trompicones, torpe,
balbuceas una disculpa.
Tu piel idiota,
miente y contradice,
y en su vaivén indeciso
adora corromperme.
Tu piel me empieza
pero nunca me acaba,
e iracunda la condeno,
a no acercarse nunca.
.
Mi piel se rinde
ante tu tentadora solitud,
y nos guía por sendas
de pecado, y codicia.
Mi piel posee
nefastas aptitudes
para dejarse embaucar
por el resto de sentidos.
Mi piel se deja
disfrazar por la apariencia,
y tu remordimiento, pícaro,
me contagia su angustia.
Mi piel dorada
por tu sol más íntimo,
ciñe el asunto
a una décima de segundo.
Mi piel pensante,
razona y echa el freno,
pero el calor empuja
y tu dolor estrecha.
Mi piel oprime
explosiones sin sentido,
inefables melancolías
que buscan a tientas un pretexto.
Mi piel inventa
maneras de retener
por siempre tus momentos
lúcidos, intensos.
Mi piel carga
con la simiente de la congoja,
que fertilizará en tu tú,
en mi yo, mañana.
Nos disfrazo, yo,
sin vehemencia.
Sé que serás,
-¿tú?-
tú,
y yo, yo.
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