Matar el tiempo, matar la vida. Y mientras nos excitamos, nos excitan, nos abaten, nos abatimos y subimos y bajamos y salimos y entramos, nos preguntamos: ¿es esto real? Y nos evadimos. Vamos al cine, leemos, quedamos con amigos, reímos, volvemos a excitarnos y abatirnos y luego, a solas, todo vuelve a salir. Y de vez en cuando se queda ahí, a flor de piel.
Y un día si esa persona te mira, saltas. Saltas sin pensarlo, saltas sin plantearte nada, saltas olvidándote de todo lo que pensaste, de todo lo que "re-mascaste". Saltas. Y te importan una mierda las consecuencias. Saltas. Siempre había estado ahí todo, el destino lo había planeado en tus narices, lo veías venir, y en realidad lo buscabas. Pero de repente, saltas. Te haces el loco y saltas. Aunque tú ya lo sabías que ibas a saltar, pero haces como que te pilla de improvisto. Aunque tú siempre supiste o supusiste que la persona, tu persona, era ésa.
Llega una noche tonta entonces, una noche tonta, en un lugar tonto, con gente tonta y sentimientos tontos. Y ¿cómo te sientes? Tonta. Igual de tonta que todo lo demás. Y todo lo que percibes, te parece tonto. Es tonto. En general, la vida es tonta. Pero...SURPRISE.
La vida hace tonterías. Y eso gusta. Es gracioso. Es divertido. La noche hace tonterías, en ese lugar se hacen tonterías, la gente está involucrada en esas tonterías y te parece maravilloso, y los antiguos sentimientos también ahora te parecen tonterías. Y te ríes de ti mismo. Y vuelta a empezar, porque eso es lo que mola.
Lo que mola es repetir, lo que mola es cambiar, lo que mola es lo que no mola, lo que mola ya no mola. Y nos gustan las situaciones tensas, las personas difíciles, los momentos asombrosos. Y nos confundimos porque ya no distinguimos, no sabemos, pensamos y se nos va.
¡No entendemos! Pero queremos, no entender, sino querernos.
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